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Reflexión sobre las expectativas actuales y desafíos que enfrentan los docentes en la actualidad

Actualizado: 5 nov 2020

Autora: Gaudis Teresa Mora

Licenciada en Educación Mención Química, Universidad de los Andes, Mérida, Venezuela.

Doctora en Educación, Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela.


El reto que hemos enfrentado los docentes a nivel mundial en el siglo XXI ha sido desafiante y acelerado, pasando de la pizarra con tiza, al marcador indeleble y especialmente este año 2020, a levantar un proceso educativo digital de manera apresurada, debido a la emergencia de la pandemia COVID-19. En consecuencia a lo anterior, muchos docentes sin capacitación previa, han tenido que dar respuesta al acto pedagógico entre: “Aprender y enseñar” desde un nuevo contexto educativo, aquel que imaginábamos que iba a llegar a mediano plazo pero no de manera tan precipitada.

Aun cuando no fuimos formados para este nuevo escenario, y tal vez esto nos genere incertidumbre, hay que reconocer que ya estamos inmersos en los cambios y transformaciones influidos de alguna manera por el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, y el impacto de estas tecnologías ha derribado los supuestos que fundamentaban los procesos de enseñanza y aprendizaje en la pedagogía tradicional, logrando a través del aprendizaje situacional que muchos educadores se manifiesten interdisciplinarios, es decir, que tiendan puentes entre las humanidades y las tecnologías, incorporándolas a su vida profesional. En consecuencia, los docentes se han convertido en uno de los actores principales para dar movilidad a los procesos de enseñanza y aprendizaje de las instituciones educativas en este nuevo escenario, organizando, diseñando, analizando, participando y retroalimentando, con su acto pedagógico y didáctico los ambientes pedagógicos digitalizados, los cuales han podido dar cierta permanencia a la oferta educativa de cada institución educativa.

Ello nos confirma que ya estamos inmersos en la educación digital y que no solo esta llegó para quedarse como muchos expertos lo han advertido, sino que irá evolucionando, de manera que con esta transformación se evidencia la capacidad de adaptación de los docentes para enfrentar los cambios y transformaciones.

Sin duda, que en el contexto educativo ha sido uno de los mayores desafíos y ha venido cuestionándose de diferentes maneras, pues en el presente estamos enfrentados en todos los niveles y modalidades de los sistemas educativos a buscar una nueva forma de ejercer nuestro rol como docentes, indagando y repensando el acto pedagógico distinto a como estábamos acostumbrados a realizarlo.

De modo que, viéndole el lado positivo, puede ser esta una oportunidad para hacer un alto en el camino de la docencia, para replantearnos nuevos retos en lo que se avecina, viendo la experiencia que estamos viviendo, me atrevo a decir, que para muchos docentes ha sido un aprendizaje, tal vez obligado, pero del cual podemos valorar lo importante, esencial, necesario y urgente en el mundo actual, con nuestra capacidad, motivación y vocación por enseñar y aprender.

Uno de los desafíos que hoy enfrentamos los docentes producto de la situación mundial que se está viviendo ha sido trasformar la interacción presencial profesor- alumno, debido a que nos ha tocado buscar la manera de acercarnos a nuestros estudiantes a pesar de la distancia física, para que nuestros encuentros se asemejen a la interacción de aula, sentir de cerca a los estudiantes para hacer de cada encuentro una nueva oportunidad para interactuar y aprender.

Otro de los desafíos que hemos redescubierto los docentes, es un nuevo modo de ser docentes para un contexto digital, ya que ahora tenemos una nueva forma de relacionarnos con los estudiantes, que incluye a sus entornos sociales y familiares, pues las puertas de los hogares de los estudiantes se abrieron para dejarnos entrar acercándonos más al ámbito familiar y social en el que ellos viven, situación que desde la escuela presencial no sucedía y que estoy segura nos compenetró más con el espacio familiar, y quizás muchos apoderados se dieron cuenta de la labor que como docentes nos toca afrontar diariamente en un aula de clases.

Es importante resaltar también la creatividad y el ingenio de algunos docentes, los cuales, han derribado las barreras de la distancia para llegar a lugares donde no hay acceso a internet o que tal vez no poseen los equipos tecnológicos para ello. Ante esto, se ha mostrado una gran desigualdad expresada en los sistemas de conexión existentes, lo cual tiene que ser tomado en cuenta por los diseñadores de políticas socioeducativas, quienes serán los responsables de hacer los cambios necesarios en esta transformación que se está dando.

De manera que estos tiempos de transformación y cambio, ha sido una nueva oportunidad de aprendizaje tanto para los alumnos como para los docentes, aun cuando algunos lo puedan catalogar como tiempo perdido. Hoy el mundo nos está obligando a aprender otra manera de trabajar como docentes, a derribar los muros de las paredes de la escuela tradicional a la que estuvimos acostumbrados, pues hemos automatizado nuestra labor docente, por ello, no podemos perder de vista lo esencial, nuestros estudiantes.

Me atrevo a afirmar, que esta labor educativa moderna ha significado una gran carga laboral para el docente, pasar a una modalidad para la cual no estábamos preparados y muchos no capacitados, aprender y enseñar al unísono, desafiar el uso de las nuevas tecnologías, de las redes, diseño de material didáctico de enseñanza, dedicar muchas horas de nuestro tiempo, contextualizando con la diversidad estudiantil y con el ámbito familiar, apropiándonos en función de lo educativo a cambiar el aula de clases por un aula virtual con distanciamiento, a ver solo rostros, a no poder tener el contacto físico y el cara a cara con nuestros estudiantes.

No podemos escatimar que toda esta carga laboral ha generado tensión, ansiedad y stress, pues aparte de lo ya mencionado también se ha sentido la presión.

Una de las situaciones que he estado pensando en este tiempo de cuarentena es que ya el docente no controla la disciplina escolar, no hay penalizaciones por comportamiento y conducta o indisciplina, ese rol ahora le corresponde al hogar debido a que deben velar más de cerca el comportamiento de sus hijos en el aula virtual y en la entrega de las asignaciones y tareas para ser evaluadas. Ello lo percibo como una de las aristas que va a cambiar en el comportamiento de los estudiantes, y que podría ser tema para ser analizado con detenimiento y amplitud en otra instancia.

Por tanto, ese futuro que visualizábamos lejano, nos llegó al presente, ello nos invita a reflexionar sobre los sistemas educativos, los cuales tienen la tarea de desadaptarse de lo tradicional y adaptarse a contextos muy diferentes, a pensar la educación de otra manera diferente a lo cotidiano, en pensar la labor docente desde otros ámbitos que no estaba adaptado en lo social, en lo familiar, en lo humano y en lo emocional, dándole prioridad también al desarrollo personal y emocional de los estudiantes.

He podido constatar que este acercamiento virtual, aun en la distancia física ha humanizado la labor educativa, si bien, se transmite por medios digitales, es imprescindible la presencia del docente como facilitador y ductor del proceso. Por tanto, sabiendo que la pandemia sirvió para transformar nuestra vida, nuestra praxis y acto docente, tenemos el desafío más grande, dejar de seguir haciendo lo tradicional, capacitarnos y mejorar el proceso virtual y entenderlo como la verdadera transformación de la educación o por el contrario desestimar el proceso como algo superfluo.

Como docente ganada a la transformación de la educación, avizoro que esta oportunidad que nos puso la vida no la podemos desaprovechar para hacer los verdaderos cambios de los que tanto hemos hablado. Veo que nuestro rol docente se ha fortalecido y valorado, y nos resta hacer las transformaciones pertinentes en lo que en esta improvisación no ha funcionado bien, centrémonos en que esta ha sido una oportunidad novedosa de aprender de lo vivido, de desafiarnos a nosotros mismos, de salir de nuestra zona de confort, de innovar, crear, de formarnos para el futuro tecnológico obligante. Aunado a lo anterior, en el caminar de estas transformaciones, percibo que esta crisis sanitaria se ha convertido en una oportunidad, porque nos hemos acercado sin darnos cuenta la familia, a la escuela, hemos logrado potenciar la escucha activa de nuestros estudiantes y viceversa, nos hemos preocupado por la salud emocional, hemos tenido un acercamiento para la formación humana.

De aquí en adelante el perfil imperativo del docente requerido será el que esté presto a alfabetizarse digitalmente en nuevas tecnologías, lenguajes y saberes emergentes. Visualizo que esa será la condición suprema de sobrevivencia que distinguirá a unos docentes y a otros, el estar permanentemente capacitándose en lo novedoso de la enseñanza digital, ello los distinguirá para la demanda laboral, y les dará un valor agregado a su profesión y en su disciplina, por tanto, ya no bastará con conocer y saber sobre su especialidad, ni sobre cómo hacer investigaciones y publicarlas, sino que uno de los desafíos permanentes será la educación digital y todas sus innovaciones para poder aportar en el mundo moderno.

En ese orden de ideas, se vaticina que los sistemas educativos del mundo sufrirán grandes transformaciones en cuanto a tecnología y comunicación, motivado a que es el mundo real el que está exigiendo esa nueva innovación en la educación, lo que me lleva a pensar que de aquí en adelante será más importante asumir con entusiasmo y motivación ciertas incertidumbres pedagógicas y desprenderse de las certezas que tarde o temprano llegarán a ser ineficaces.

Por lo que se tendrán otros desafíos, entre ellos: se requerirá cambios profundos en las organizaciones educativas, instituciones y universidades, así como en la gestión escolar, convirtiéndose en otra forma o manera de hacer academia, veo que ya estaremos introduciendo en el proceso educativo otros nuevos estilos de aprendizaje, nuevas teorías de aprendizaje, nuevas formas de motivación y atención, e incluso nuevas estrategias para generar los procesos metacognitivos, el interés por profundizar en campos de la psicología cognitiva, tales como el nuevo proceso de pensamiento que se genera en espacios virtuales, la capacidad de generar pensamiento crítico, la necesidad de argumentar, de inferir, de deducir, de sintetizar, la importancia de la atención activa, entre muchos otros.

En el mismo sentido, los educadores futuros, tendrán que aprender a organizar, regular y dinamizar grupos de estudiantes de manera virtual, interactuar con ellos, generar procesos de autoregulación, liderazgo en espacios digitales, fortalecer el trabajo en equipo, administración del tiempo y el trabajo escolar, técnicas para el acompañamiento, tener habilidades para lograr controlarlos en ese otro espacio, que por la heterogeneidad pueden escapar al del dominio del docente. Así, el docente deja de ser visto como autoridad y se convierte en un trasmisor de conocimientos, por tanto, será necesario dominar el desarrollo de habilidades sociales para relacionarse con otros colegas de su institución o de otras instituciones, para participar en redes, equipos de investigación y grupos con colegas inclusive de otras latitudes internacionales para compartir experiencias y unificar criterios en pro de la educación.

También debemos tomar en cuenta que otro de nuestros desafíos a enfrentar como docentes será el de vincular diferentes mediaciones tecnológicas a la enseñanza de su asignatura, no basta con conocer el uso de las TICs, sino que ahora tendremos que ser productores, generadores y diseñadores de materiales educativos, de dispositivos para el trabajo independiente, así como de estrategias novedosas para el seguimiento y la evaluación.

En estos nuevos desafíos que enfrentamos como docentes también es bueno resaltar que se acentúan nuevos roles como tutores, asesores, mentores y acompañantes del estudiante, pero no solo desde la enseñanza, sino desde el ritmo individual de aprendizaje de cada estudiante.

Así mismo, veo como se ha marcado el aprendizaje autónomo, colaborativo y cooperativo, aun cuando el proceso ha sido ejecutado en línea, se percibe la necesidad de que cada estudiante aprenda a su ritmo de manera individual pero teniendo la ayuda del profesor y la familia de manera activa.

Una de las particularidades a las que quiero hacer referencia sobre todo a los docentes, es a no concentrarnos solamente en los aspectos tecnológicos, intelectuales y cognitivos, descuidando las dimensiones del desarrollo humano tan importantes para el desarrollo integral y necesario para la formación de la personalidad de los estudiantes. Me refiero a atender los aspectos afectivos, expresivos, morales, trascendentes, los cuales juegan un papel fundamental. Para esto es necesario revisar los currículos y quizás ajustarlos a estas necesidades.

Para finalizar, sé que en medio de todo el miedo a que nos hemos enfrentado con esta pandemia, los educadores hemos sido capaces de sacar la tarea adelante, dando también contención tanto a los estudiantes como a las familias, porque si algo caracteriza a los docentes; es la fuerza y persistencia promoviendo la esperanza a las nuevas generaciones, posibilitando la construcción de un mejor futuro, a pesar de las tensiones y dificultades que podamos estar enfrentando, sé que estamos permeados de tesón para enseñar a enfrentar adversidades, pues una de nuestras responsabilidades es tener confianza en el que aprende y para ello le debemos enseñar y brindar herramientas, por tanto, nos resta seguir siendo sembradores de esperanzas aun en tiempos difíciles.

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